Home Editoriales Setenta veces siete
0

Setenta veces siete

0
0
Tab Machado

Gran parte de la humanidad está convencida de que si hace alguna vez un favor el mismo debe de ser, no solamente agradecido eternamente, sino devuelto de forma perenne. O dicho de otra forma: hay gente que cree que porque hizo un favor una vez, debe de recibir del beneficiado no solo el reconocimiento eterno, sino que deberá pagarle el mismo (con otros favores) en forma perpetua. Pero una cosa es ser agradecido y otra muy diferente es tener que ponerse grilletes en los pies por una deuda que jamás caduca…  

Cuenta una historia que en cierta ocasión un pariente visitó a un hombre llamado Pedro porque estaba en cama enfermo e imposibilitado de salir a procurarse comida por sí mismo. El pariente le llevó un ganso, algunas verduras y le preparó una exquisita sopa. Pedro agradeció mucho el gesto y le dijo a su pariente que estaba en deuda con él y que cuando se recuperara le devolvería el favor.

Unos días después Pedro fue a agradecerle a su pariente llevándole un gran ganso y las mejores verduras de su huerta. Lo hizo con gusto y agradecimiento ya que se sentía bendecido por el apoyo recibido. El pariente recibió la dádiva y mirándolo le dijo: “hay Pedrito si no fuera por mí, donde estarías ahora”…

Días más tarde fue el pariente el que se hizo presente en la casa de Pedro y le dijo que tenía ganas de comer una buena sopa de ganso como la que le había hecho cuando estaba enfermo, así que Pedro preparó una gran sopa y obsequió al pariente que cuando terminó la cena se retiró a su casa diciéndole: “Suerte que me tuviste a mi cuando estabas enfermo”…

No pasó mucho tiempo hasta que nuevamente se hizo presente en la puerta de la casa de Pedro el pariente acompañado ahora de toda su familia. El hombre saludó cortésmente y su pariente le dijo haber si no había sobrado algún poco de aquella excelente sopa de ganso que le había dado noches atrás, porque quería hacerla probar a toda su familia.  Pedro nuevamente preparó una sopa y sirvió a todos los comensales. Una vez acabada la cena el pariente y su familia se retiraron no sin antes recordarle que, “te veo mejor gracias a la sopa de ganso que yo te hice”.

La situación se fue haciendo costumbre y cada noche el pariente y toda la familia llegaban a comer a lo de Pedro y este los servía y atendía con esmero. Pero cuando se demoraba en servir o en traer la bebida sentía miradas reprobadoras y un cuchicheo donde no faltaba la frase de siempre: “si no fuera porque yo le hice aquella sopa de ganso”…

Un día el pariente llegó a la casa de Pedro junto a su familia y algunos amigos y, al igual que siempre, se sentó a la mesa esperando que le dieran de comer. Entonces Pedro puso ante ellos una gran vasija llena únicamente de agua caliente. El pariente visiblemente enojado y con mirada inquisidora le preguntó a Pedro: “¿Qué es esto?”. “Esto”, dijo Pedro, “es la sopa, de la sopa, de la sopa del ganso que me hiciste aquel día. Estoy agradecido eternamente por tu ayuda pero ni  sirviéndote el resto de mis días podré encontrar el favor y el reconocimiento de tu parte y nivelar las acciones, así que solo me queda recordarte que es lo que resta de aquella sopa”.

Las personas que esperan que siempre se les agradezca y se le devuelva el favor recibido, ni que se les devuelva setenta veces siete se conforman y están convencidas que su ayuda siempre inclinará la balanza en su favor, porque valorizan su acción a un costo milenario e inacabable.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *