Si desde el cielo llueve sopa…

¿Eres de aquellas personas que crees que por más que luches y luches la suerte jamás te acompaña? ¿Qué te esfuerzas y te prodigas sin igual pero que siempre te falta el centavo para el dólar? ¿Crees que la vida eternamente te pone la peor cara y nunca te sonríe? ¿Eres de los que te visualizas triunfando pero siempre surge un escollo insalvable al momento de avanzar hacia la ansiada meta? ¿Ves que las demás personas pasan a tu lado triunfantes y tú nunca apareces en el cuadro final? ¿Te han dado varias fórmulas mágicas de cómo cambiar esa realidad pero, a pesar de cumplirlas, todo sigue igual?

Y como reaccionas  ante todo esto: ¿aun luchas por tus sueños incansablemente o ya has aceptado ese funesto destino y te has conformado o dejado estar?

La vida es como un juego infantil, de esos que recorres un tablero hasta la meta final.  Hay piezas de jugadores que se deslizan hacia adelante con una velocidad prodigiosa al impulso de dados que siempre le muestran los mejores números y que sortean sorprendentemente los casilleros que son negativos, proyectándose hacia la meta con una facilidad avasallante. En cambio hay jugadores que avanzan con lentitud y los números de sus dados coinciden casi que fatídicamente con los casilleros que hacen retroceder o esperar turnos para avanzar… Los unos y los otros parecen distanciarse muchísimo y el triunfo está en la mano de los primeros pero, sorprendentemente, hacia el final siempre hay más obstáculos de los previstos para que el juego cobre dinámica e incertidumbre, por lo que los jugadores que tuvieron suerte tropiezan primero con esas dificultades y, como no están acostumbrados a retroceder o esperar varias vueltas, se frustran rápidamente y abandonan la partida. En cambio, aquellos sobrevivientes que no se dieron por vencidos y vienen casilla a casilla, ya están templados y acostumbrados a los tropiezos y siguen terca y obstinadamente hacia la meta final… Te sorprendería saber el alto porcentaje de personas que triunfan llegando con temple desde atrás sobre aquellos que ganan fácilmente al principio y se topan con estorbos en la última etapa. Por eso nunca abandones ni te desesperes, juga tú partida pacientemente hasta el final, poniendo mucha pasión, aunque sientas que no tienes ni la más mínima oportunidad de ganar…

Yo, te lo puedo asegurar, soy de esos que si desde el cielo llueve sopa… seguro a mí me agarra con un tenedor en la mano. Pero ¡No importa! Jamás me rindo, siempre tengo esperanza de un futuro mejor y no me doblego ante nada. Y en verdad que, les confieso, aunque quisiera no podría ya que cada vez que paso frente el refrigerador de mi casa, un mudo testimonio me empuja a dejarlo todo sin caer ni por un momento en la depresión, la angustia o la desesperación, ya que allí hay un dibujo que hizo mi hijo mas chico hace unos años y que dice en su parte superior: “Mi padre es mi héroe”…

¿Puede haber acicate mayor que ese? ¿Puede uno desfallecer ante la adversidad viendo este tipo de mensaje? Esta es una de las grandes cosas por las que duplico mi esfuerzo a diario y no permito que nada me doblegue a pesar de las dificultades. Eso y el ejemplo que me ha dado mi hijo mayor, estudiando con gran convicción y superando todo tipo de adversidades hasta conseguir sus objetivos.

Puedo decir que la vida ha sido benigna conmigo, dado que mis mayores también me inculcaron con su ejemplo el no bajar los brazos, ni rendirme jamás, aunque el dolor lacere el alma y el cuerpo pida no dar un paso más allá porque, cuando eso se aprende y se asume como verdad, el alma se galvaniza de tal forma que ni la peor de las tormentas te puede hacer caer tan duro que no te puedas levantar. Por eso recuerda, siempre, que la vida es un continuo desafío y solo aquel que le hace frente sin temor alguno es el que triunfa, ya que nada es imposible mientras exista tan solo una oportunidad…

Leave a Comment