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Si fingimos lo que somos…

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Una frase genial de Pedro Calderón de la Barca, escritor español conocido por ser uno de los más insignes literatos de un período de florecimiento del arte y la literatura española denominado ‘Siglo de Oro’, dijo en cierta ocasión que, “si fingimos lo que somos… entonces seamos lo que fingimos”. La frase encierra una gran verdad que muy pocos se animan a confrontar cuando se enfrentan íntimamente a sus demonios y pecados, por lo que prefieren ocultar muy astutamente lo que en realidad son, mostrando una fachada mucho más esplendorosa para ganar la consideración de terceros…
Si las personas en vez de fingir lo que no son, se esforzaran realmente en ser como simulan, no habría necesidad de mentir ya que lograrían sus objetivos y serían genuinamente felices…
Para reafirmar esta idea les rememoro una historia verdadera de un joven estudiante argentino que engañó a su profesor, al Alcalde de su pueblo y hasta el Gobernador de la provincia de Córdoba. En el año 2000 Marcos Castagno era un estudiante de ingeniería electrónica que le contó al director de su universidad que había ganado el premio al ‘Estudiante del siglo’, por parte de la Fundación Motorola, al haber inventado una cafetera parlante.
Marcos aseguró al director que su invención: una máquina de café que funcionaba mediante la voz, le había llevado 8 meses de trabajo y sería su pasaporte para estudiar becado dos años en Japón. Entusiasmado, el director le contó la noticia al Alcalde quien, a su vez, le habló del invento a un diputado. Entonces, sin corroborar los hechos, el jefe comunal homenajeó al estudiante de tercer año de ingeniería electrónica de la Universidad Tecnológica de Córdoba (UTN), que se convirtió en héroe absoluto de su localidad. Todos se enorgullecieron y lo vitorearon al verlo desfilar por las calles en el camión de los bomberos.
Pero eso no fue todo, los medios de prensa lo entrevistaron hasta el hartazgo y Marcos se sentía en las nubes. Tal fue la repercusión que hasta el gobernador lo recibió para felicitarlo. La vida le sonreía a Marcos, hasta que el sueño terminó cuando llegó la hora de viajar a Japón y no había como, ni siquiera porque…
Una mañana Marcos volvió a ser el centro de las noticias: contó, ante los periodistas que un grupo de “unas 15 o 20 personas”, lo habían asaltado en el Aeropuerto de San Pablo en una escala cuando se dirigía a Francia, en viaje a Japón.
“Me dijeron que me iban a matar si no les daba la clave de mi máquina que ya se habían robado”, dijo el joven. El relato era tan descabellado, que muchos empezaron a sospechar.
Entonces los medios hicieron consultas a funcionarios de la empresa Motorola y a la universidad donde estudiaba Castagno, hasta que un comunicado confirmó las sospechas: “Informamos la absoluta falta de veracidad de los hechos”. Marcos nunca salió de la Argentina. No inventó otra cosa que sus engaños. Nunca fue amenazado, ni robado.
Según se explicó posteriormente, el joven temía perder la beca que le había dado el municipio de su ciudad para estudiar y por eso habría pergeñado un falso premio que jamás fue real, pero que le dio a Marcos sus efímeros días de fama…
Como en la historia, el ser humano cotidianamente prefiere mentir y disfrazar su realidad para seducir a terceros con falsedades, ya que no soporta su insignificancia. Eso sí, tampoco le gusta esforzarse por alcanzar las metas, prefiere fingir ante los demás ser lo que no es aunque de noche, cuando se mira al desnudo frente al espejo, llore en silencio el peor de sus fracasos: no ser realmente nadie… ni quien finge ser, ni quien es en realidad.

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