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Si no nos vemos… nos ponemos lentes

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La humanidad, conforme avanza en su loca carrera modernista, sufre de un mal progresivo que puede llegar a ser autodestructivo: la  miopía… Miopía externa e interna y, aunque esta enfermedad no aparezca en la lista de padecimientos graves que registra la Organización Mundial de la Salud, su ignorancia puede llevarnos a la extinción.

¿Sabe cómo es que ha avanzado tanto cuantitativa como cualitativamente la humanidad? Observando, ese es el principio básico de toda investigación científica, pero parece que lentamente hemos ido perdiendo esa sana costumbre, olvidándonos de lo que nos rodea e, incluso, de nuestro mundo interior. El hombre ha dejado de ver más allá de su nariz  y, lo que es peor aún, siente que no tiene necesidad de hacerlo… Ha perdido el  don de la curiosidad  o como mínimo lo ha malinterpretado, utilizándolo para cosas frívolas y banales, lo que nos lleva a  un doble problema: ceguera externa e interna.

En el inicio de nuestra historia el ser humano observaba con atención todo lo que lo rodeaba y el espacio infinito, tratando de escrutar lo que ocurría en su entorno, para adaptarse mejor a su medio ambiente y mejorar su confortabilidad. Conforme mas observaba, mas ampliaba su coeficiente intelectual y espiritual, haciendo marchar a la humanidad con paso redoblado hacia el futuro. Sin embargo, a medida que el hombre comprendió su posición en la escala zoológica y su perspectiva universal, amparado en la luz de la modernidad comenzó a opacar con su reflejo todo aquello que lo había hecho avanzar, sufriendo un severo proceso de miopía. Aun parece que hoy, cuanta más luz arroja sobre la ignorancia, menos ve y menos entiende…

Tan progresiva ha sido nuestra miopía, que nos hemos tenido que ir acostumbrado a utilizar lentes para ver cosas que antes solo bastaba con levantar la cabeza más allá de nuestro ególatra horizonte. Es curioso pero, cuanto más creemos saber, conocer y ver, mayor aumento debemos agregar a nuestros lentes para no perder contacto con nuestro entorno y nuestra realidad… Es tanta la ceguera que el fulgor del modernismo le ha traspasado a la humanidad, que el mal ha ido generalizándose de una manera peligrosa y hoy no solo abarca a nuestro mundo exterior sino también el interior, allí donde habita el alma y la espiritualidad. En ese entorno, lamentablemente, también cada día necesitamos lentes de mayor aumento para encontrar aquellos valores que nos permitan vivir de acuerdo a nuestra condición de sociedad gregaria e inteligente…

¿Suena apocalíptico? Quizás… pero si el hombre insiste y  prosigue con su intención de no mirar más allá de su egocéntrica nariz, el mal tiende a convertirse en peligrosa pandemia de incierto final.

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