¿Solidaridad? ¡Cero!

Alguien me dijo hace unos días atrás: “Mire que hemos andado kilómetros los inmigrantes, llevando a cuestas el sueño de mejorar en bien de nuestras familias, pero increíblemente hay otros inmigrantes que creen que el sueño solo lo vinieron a cumplir ellos y, peor aún, que uno es el que tiene que ayudarlos a lograrlo ¡aun dejando de lado los propios!”

Angustia me generó la observación y un poco de vergüenza ajena, pero no puedo negar que la sentencia es de una realidad preocupante, ya que en el tema de la solidaridad dentro de nuestra comunidad migrante hay muchos que se sacan un cero grandote o una F si aplicamos el sistema escolar… Lamentablemente a esas personas no les importa si los sueños de otros se postergan mientras se puedan cumplir los de ellos… es más, creo que ni siquiera toman en cuenta o se les pasa por la cabeza que todos salimos de una misma raíz: inmigrantes y que buscamos lo mismo: progresar.

Es que el pensamiento de estos individuos se parece mucho a aquellos que esperan en una estación. Mientras están en el andén aguardando para subir al tren se quejan ácidamente de las personas que ya subieron en estaciones anteriores y que nos les dejan lugar a ellos para viajar. Pero cuando logran acceder finalmente a un vagón y comenzar su marcha, ya a la próxima parada tratan de que los que están abajo no suban, así no los molestan.

La memoria de estas personas es frágil como un cristal y enseguida borran de su conciencia el hecho que, hasta hace unos pocos momentos, ellos también estaban ocupando el andén y se quejaban porque no podían subirse al tren. Claro que, para que su conciencia no los castigue, mucho se apoyan en una trillada frase: “que paguen derecho de piso y sufran lo que todos sufrimos”…

Ante esta situación quisiera recordar un pasaje de la Biblia del libro de Deuteronomio, capítulo 15 versículos del 7 al 10 que dice: “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente y, en efecto, le prestarás lo que necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová y se te contará por pecado. Sin falta le darás y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos y en todo lo que emprendas”.

Qué bueno sería que, siguiendo esta enseñanza, tomáramos conciencia y empezáramos a sacarnos todos un 10 en solidaridad o una A+ (como mejor prefieras) ayudando a nuestros congéneres como queremos que nos ayuden a nosotros… Se que que vivimos en un mundo frío y egoísta y que es muy difícil romper la pesada cadena del individualismo feroz, pero si no somos capaces de socorrer al prójimo o entender al menos sus necesidades, entonces es que hemos perdido el verdadero tren de la vida y ya nada queda por hacer…

 

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