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Soy MUY importante

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Tab Machado
Tab Machado

Cuando una persona tiene que repetir hasta el hartazgo cuán importante es, cuantos años hace que es exitoso y los “logros” conseguidos, es porque tiene complejo de inferioridad o no tiene tantos logros como dice. Entonces, buscando impresionar a los demás, magnifica, incrementa y realza constantemente sus hazañas y proezas, creyendo que así gana consideración entre sus pares.

Lo que estas personas no tienen en cuenta es que se vuelven rehenes de sus propias palabras y que, en

algún momento, van a tener que refrendar con hechos lo que dicen ser, por más que dilaten o posterguen ese tiempo. Y cuando ese instante llega, es justo allí cuando su verborragia no les servirá de nada y quedará en evidencia su ineptitud o incompetencia.

Son como el león que despertó un día en la selva y, conforme se desperezaba, se dijo que no recordaba haberse sentido tan bien en su vida. La noche anterior había estado con otros leones amigos y les había repetido hasta el cansancio todos sus logros y sus hazañas, diciendo que era el rey de la selva y que todos los animales le temían mucho…

El león se sentía de maravillas y se vanagloriaba recordando como los otros leones lo miraban con admiración y respeto. Sabía que había exagerado un poco sus proezas, pero nadie iba a reparar en algo así por lo que, con ese sentimiento de grandeza, se encaminó hacia la selva.

Al poco rato de andar se encontró con una víbora a la que paró para decirle: “dime, víbora, ¿quién es el rey de la selva?” “De acuerdo a lo que cuentan por ahí, tu, por supuesto” le respondió la víbora, alejándose del león a toda marcha.

El siguiente animal que se encontró fue un cocodrilo, que estaba adormecido cerca de una charca. El león se acercó y le preguntó: “dime cocodrilo ¿quién es el rey de la selva?” “¿Por qué me lo preguntas?” le dijo el cocodrilo, “si sabes que eres tu el rey de la selva”…

Así continuó toda la mañana, convencido de que sus proezas ya la conocían todos los animales y que su fama era tanta que todos le admiraban. Pero hete aquí que, de pronto, le salió al paso un elefante. Creyendo más que nadie en sus propios cuentos y en su fama, se le paró enfrente cortándole el paso y con gran rugido le dijo: “Dime elefante, ¿quién es el rey de la selva?”  Por toda respuesta, el elefante enroscó al león con su trompa levantándolo cual si fuera una pelota, lo tiraba al aire y lo volvía a recoger…hasta que lo arrojó al suelo poniendo sobre el magullado y dolorido león su inmensa pata.

El león, dolorido en todo su cuerpo y también en su orgullo, se alejó mascullando entre dientes: “muy bien, basta ya, no hay necesidad de que te enfurezcas tanto, porque no sepas la respuesta”…

La humildad es la base donde sustentan su vida los grandes seres humanos de la historia por lo que, cuando hay hechos concretos y tangibles, las palabras sobran porque es el propio peso de la historia el que habla…

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