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¡Te quiero!

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El ser humano busca durante toda su vida la felicidad, el amor, la amistad y el apego de otros congéneres pero, como fue educado por sus padres o moldeado por la sociedad para ser duro, indiferente e inconmovible para no sufrir decepciones ni verse como una persona timorata, débil y dependiente, entonces no consigue el afecto que busca porque prefiere ocultar sus sentimientos y ahogar todo intento de amabilidad hacia los demás, dejando fluir únicamente su perfil más áspero, rudo y avinagrado.

De esta manera los afectos se van acomodando en lo más recóndito e insondable del corazón y solo son usados en momentos extremos y excepcionales. Entonces los sentimientos positivos pasan a ser una rareza en la vida de estas personas y, cuando llega el momento de exteriorizarlos los mismos son forzados, acartonados, tiesos y sin gracia, manifestándose hasta con culpa de traicionar lo aprendido y ser (aunque sea por unos instantes y de mala manera) un poco mas humanos. Así pasa la vida para estas personas desabridas, insulsas e insípidas, resultándoles cada vez más difícil exteriorizar ese mismo afecto que tanto anhelan conseguir para ser felices pero que no encuentran porque son incapaces de obrar recíprocamente.

La importancia de exteriorizar los sentimientos lo aprendí una triste mañana de noviembre de hace ya 22 años cuando mi padre partió de este mundo. Ese día aprendí, de la manera más dolorosa, brutal y desgarradora, la importancia y el valor de no ocultar jamás el afecto hacia los demás. Que un ‘te quiero’ a tiempo vale más que toda una vida de intenciones no resueltas y olvido. Que el amor se nutre de hechos y que, cuando el tiempo se termina, te faltan abrazos, besos, palabras y hasta te sobra remordimiento por el tiempo perdido…

Hace ya 22 años que aprendí que los sentimientos deben expresarse cuando aún hay tiempo, respuestas y hay oídos. Porque la vida es tan solo un soplo, un delgado cristal que se rompe cuando uno menos lo espera y que, cuando eso pasa, ya no hay más tiempo de nada… solo quedan recuerdos y frases sueltas que se acomodan al lado de un retrato que ya no tiene voz ni conciencia para apreciar el afecto vertido.

Fue en ese momento que entendí lo importante de no guardarse nada adentro, de vivir con los sentimientos a flor de piel para que los demás sepan cuanto los respetas y quieres, sin que te falte tiempo para decirlo… Por eso no me apena decirle a quien me importa que lo quiero, ya sea mi madre, mi esposa, mis hijos y mis amigos…y por eso les digo también a todos los lectores de Ultimas Noticias que los quiero y que aprecio mucho esa fidelidad que siempre han tenido hacia nosotros. Lo hago con la esperanza de que esta corriente afectiva que reciben en este instante, ustedes la extiendan a sus seres queridos con la ilusión de crear una cadena amor y respeto que dé un poco de respiro a este mundo apático, indiferente, glacial e insensible. Sé que este intento es como poner una pequeña banda adhesiva a una herida mortal con la intención de sanarla… pero algo tenemos que intentar para ser mejores… ¿O no?

 

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