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Tiempo de cambios

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Carlos Rojas
Carlos Rojas

Dicen que cada quien habla según le va en la feria y eso encierra una gran razón,  porque los tiempos siempre han sido de lucha y de arduo trabajo, solo que los  tiempos de hoy estamos viviéndolo  nosotros y tenemos que hacerles frente y no es difícil, solo tenemos que  enfocarnos, centrarnos y perseverar buscando que no nos derrote la adversidad…

Esta vez encontré algo que ilustra “aquello de que no hay mal que por bien no venga”… Este era un pueblo donde el oficio más feo que había era ser el portero del prostíbulo, y que otra cosa podría hacer un hombre que no sabía  leer ni escribir…

Un día un joven empresario, creativo y emprendedor se hizo cargo del prostíbulo citó a su personal, hizo algunos cambios y dijo al portero: “desde hoy usted, hará un resumen semanal de las personas que entran y tomará sus comentarios sobre el servicio”. El portero dijo: “señor, lo haría con mucho gusto pero no sé leer ni escribir… “Entonces usted no nos es útil”, dijo el empresario y lo despidió….

El portero sintió que el mundo se le venía encima y en eso recordó que en el prostíbulo cuando se dañaba algo él la arreglaba y pensó que esa sería una ocupación mientras  conseguía otro trabajo. Ahí decidió comprar una caja de herramientas pero en el pueblo no había una ferretería habiendo que viajar dos días en mula para ir a comprar las herramientas. Fue así que emprendió el viaje.

Ya de regreso su vecino vino a pedirle prestado un martillo y le dijo: “préstemelo mañana se lo devuelvo”…  “¡Esta bien!”, dijo el hombre…

Al día siguiente el vecino le dijo: “todavía necesito el martillo, ¿por qué no me lo vende?”  “No puedo lo necesito para trabajar y la ferretería está a dos días de camino”, respondió el hombre.

“Hagamos un trato”, dijo el vecino, “yo le pagare los dos días de camino, mas el precio del martillo ¿qué le parece?” El hombre aceptó,  montó su mula, emprendió viaje y fue por mas,  a su regreso otro vecino lo esperaba diciéndole: “usted le vendió un martillo a mi amigo  y yo necesito unas herramientas…le pagaré cuatro días de viaje, mas una pequeña ganancia”…

Esto se divulgó por el pueblo y mucha gente le solicitaba  herramientas así que el hombre decidió convertirse en corredor de herramientas. Cada semana viajaba y compraba lo que sus clientes le encargaban evitándose el largo y pesado viaje… De repente  este hombre ya no viajaba,  los fabricantes le enviaban sus pedidos y el tenía una gran ferretería. Posteriormente se le ocurrió la idea  que su amigo el tornero le fabricarse las cabezas de los martillos, tenazas, cinceles, clavos y tornillos…

Pasaron años y el hombre se convirtió en millonario. Así un día donó una escuela para el pueblo, donde además de ensenar a leer y a escribir, se enseñarían las artes y oficios más prácticos del momento.

El día  de la inauguración el Alcalde, le entregó las llaves de la ciudad y  le pidió que cortara  la cinta, lo abrazo y le dijo: “es un gran honor y orgullo para nosotros  el que usted haya donado esta escuela para nuestra comunidad. Ahora concédanos el honor de que su firma aparezca en el libro de actas…

“El honor sería para mí”, dijo el hombre, “nada me gustaría más, pero no sé leer ni escribir”. Entonces el Alcalde, sorprendido, por tan grandes logros de un hombre que no sabía leer ni escribir dijo admirado: “usted construyó  un imperio industrial sin saber leer ni escribir ¿qué hubiese logrado sabiendo hacerlo?”  El hombre con toda calma respondió: “¡sería aún el portero del  prostíbulo!”

Moraleja: los cambios generalmente los vemos como adversidades y ¿porque los vemos así? porque desconocemos que las adversidades encierran bendiciones y cuando llegan los malos tiempos  solo percibimos  la tristeza, el frio, el golpe y no queremos saber que hay en el fondo… pero las crisis  están llenas de oportunidades….todo cambio es bueno pero no lo creemos, lo consideramos desgracia, sin darnos cuenta que puede ser la gran oportunidad de transformar nuestra vida para siempre…

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