Home Editoriales Transmítelo…
Transmítelo…
0

Transmítelo…

0
0
Tab Machado
Tab Machado

Por más de dos mil años el hombre ha ignorado olímpicamente el más simple y profundo de los mandamientos: “ama a tu prójimo como a ti mismo”… Si la humanidad pusiera en práctica esta sencilla y poderosa prédica, el cambio en todo el planeta sería tan radical que temblarían hasta los cimientos del mismísimo universo. Acabarían las guerras, no habría más crímenes, se extinguirían las fronteras físicas y las del alma y el ser humano se elevaría a una nueva era en la que el bien común nos haría mirar más hacia afuera que hacia adentro en todo sentido….

Lo más triste del caso es que, de cada mil personas que se le pregunta si están dispuestos a practicar  este mandamiento las mil dicen que si (es más, muchos dicen que ya lo practican) entonces… ¿porque el mundo sigue tal cual? ¿Qué es lo que está faltando o fallando? ¿Será que la hipocresía del ser humano es tan grande que lo que dice con su boca no lo puede corroborar con hechos?

Aunque parezca iluso decirlo creo que aun no es tarde para intentar vivir diferente, se han probado todos los sistemas y formulas posibles para llevar adelante la humanidad y todas han fracasado… ¿por qué no darle una oportunidad a algo tan simple y sencillo como amar al prójimo como a uno mismo? ¿Es esto una utopía irrealizable?

Cuenta una historia verdadera que Kenneth Davis se encontraba con su esposa y su hija de dos años en un lugar para acampar aislado y cubierto de nieve, en Rogue Valley, Oregon, su vehículo estaba descompuesto. Habían salido a celebrar el título de Doctor de Kenneth, pero el vehículo de recreo que habían alquilado se negaba a encender.

Kenneth y su esposa concluyeron que debían buscar ayuda y el novel doctor caminó hasta la autopista principal, a varias millas de distancia, mientras su esposa permanecía en el vehículo con la niña.

Dos horas después consiguió que un camión se detuviera y lo dejara en una gasolinera. Al descender vio que el local comercial estaba cerrado porque era domingo. Como había un teléfono público y un directorio, llamó a la única compañía de servicio automotriz del pueblo, situada a unos treinta kilómetros.

Bob respondió y escuchó mientras Kenneth le explicaba el apuro en que se encontraba. “No hay problema”, respondió, “por lo general cierro los domingos, pero puedo estar allí en media hora”. Kenneth se sintió aliviado, aunque le preocupó cuánto costaría esa ayuda…

Bob llegó en su grúa y se dirigieron al lugar donde habían acampado. Cuando se bajaron, Kenneth vio asombrado que Bob usaba muletas y llevaba aparatos ortopédicos en las piernas. Era parapléjico.

El hombre se dirigió al vehículo y Kenneth volvió a calcular cuánto le costaría la ayuda… “Es solo la batería. La encenderemos y podrán continuar viaje”, dijo Bob que revivió la batería y, mientras se recargaba, jugó con la hija del feliz matrimonio. Cuando guardaba los cables el joven doctor le preguntó cuanto le debía.  “Nada”, replicó para su sorpresa. “Debo pagarle algo”, insistió Kenneth.

“No”, repitió Bob, “en Vietnam, alguien me ayudó a salir de una situación peor que esta cuando perdí las piernas. La persona que lo hizo solo me dijo que lo transmitiera. Así que recuérdalo y cuando tengas la oportunidad, transmítelo”…

Pasaron años y Kenneth tenía su consultorio médico donde a menudo entrenaba estudiantes de medicina. Cindy, una estudiante de segundo año, entrenaba por  un mes con él en ese momento. Acababan de ver a una paciente cuya vida había sido destrozada por el abuso de alcohol y drogas. Ambos platicaban sobre las posibles opciones de tratamiento, cuando de repente los ojos de Cindy se llenaron de lágrimas. “¿Se siente incómoda al hablar de esto?”, preguntó Kenneth. “No”, dijo Cindy. “Es que mi madre tiene el mismo problema”.

Allí Cindy relató a Kenneth los años difíciles que habían caracterizado su vida familiar y él le ofreció que su madre recibiera un tratamiento, acordando que se reunieran con un consejero. Después de un fuerte apoyo familiar su madre fue hospitalizada durante varias semanas y cuando salió era una persona renovada y diferente. La familia de Cindy por primera vez veía un rayo de esperanza…

“¿Cómo puedo pagarle lo que ha hecho por nosotros?”, preguntó Cindy conmovida. En ese momento Kenneth recordó las palabras de Bob y supo que la única respuesta que podía darle era: “Solo transmítelo”…

Si estas convencido de que la solidaridad y el amor al prójimo es la única oportunidad que tiene la humanidad de ir tras un destino mejor comienza a practicar estos dones y, cuando los hayas adoptados como tuyos… solo transmítelos…

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *