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Un envase con fecha de caducidad

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Tab Machado
Tab Machado

El ser humano ha dejado de preguntarse, de analizarse, de buscar dentro de su alma las respuestas a la vida y solo vive mediante un catálogo, que nos ha impuesto el frio mundo de hoy, el cual llamamos elegantemente estereotipo.  Parece ser que el patrón medida  que en la actualidad  debe cumplir cualquier ser humano para triunfar, tener amigos, pareja y gozar del respeto ajeno es tener buena apariencia física, automóvil moderno con el cual desplazarse y buenas ropas. Si tiene eso entra inmediatamente en la categoría de las personas “deseables” sin importar, siquiera por un momento, cuanto tiene en el corazón o que tan limpia y bella sea su alma.

Nos hemos acostumbrado tanto, quizás  por analogía publicitaria, a ver tan solo el envase que poco importa ya el contenido y lo más triste es que luego de “obtener” ese envase la mayoría de las veces hay que desecharlo porque su contenido no era lo que deseábamos…

Cuenta una historia que un tendero estaba clavando sobre la puerta de su tienda un letrero que decía: “Se venden cachorros”. Letreros como ese tienen una atracción especial para los niños pequeños y efectivamente, un niño apareció bajo el letrero del tendero.

“¿Cuánto cuestan los cachorros?”, preguntó. “Entre $30 y 50 dólares”,  respondió el tendero.  El niño metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de cambio, “tengo $2.37 dólares”,  dijo  “¿puedo verlos, por favor?” El tendero sonrió,  silbó y de la caseta de los perros salió ‘Dama’, que corrió por el pasillo de la tienda seguida de cinco pequeñitas y diminutas bolas de pelo. Un cachorro se estaba demorando considerablemente. El niño inmediatamente distinguió al cachorro rezagado… ¡era cojo!

“¿Qué le pasa a ese perrito?” preguntó.  El tendero le explicó que el veterinario había examinado al cachorro y había descubierto que le faltaba una cavidad de la cadera y que cojearía por siempre. Estaría lisiado toda su vida. El niño se entusiasmó: “Ese es el cachorro que quiero comprar”, dijo. “NO, tú no quieres comprar ese perrito. Si realmente lo quieres, te lo voy a regalar”, dijo el tendero.

El niño se enojó mucho, miró al tendero directo a los ojos y moviendo el dedo replicó: “No quiero que me lo regale. Ese perrito vale exactamente tanto como los otros perros y voy a pagar su precio completo. De hecho, ahora le voy a dar $2.37 dólares y luego 50 centavos al mes hasta terminar de pagarlo. El tendero replicó: “Realmente no quieres comprar este perrito. Nunca va a poder correr, brincar ni jugar contigo como los otros cachorritos”.  Al oír esto, el niño se agachó y se enrolló el pantalón para mostrar una pierna izquierda gravemente torcida, sostenida por un gran aparato ortopédico de metal. Miró al tendero y suavemente le respondió: “bueno, pues yo tampoco corro tan bien que digamos y el cachorrito va a necesitar a alguien que lo entienda”.

La sociedad humana lamentablemente, en su gran mayoría, se ha acostumbrado a pensar como el tendero, no como el niño, por eso la frivolidad gana terreno en el mundo y solo la buena apariencia cuenta para la mayoría de las personas…  Sin embrago la belleza física y los bienes materiales son envases que irremediablemente vienen con fecha de caducidad en el frente y poco aportan a las relaciones duraderas,  porque lo que realmente se valora y disfruta es el contenido espiritual, que muchas veces poco tiene que ver con la belleza exterior. Por algo en la vida los envases, a la larga, siempre se terminan desechando (al menos que se lo desee usar como decorado) y lo que realmente se valora y disfruta es la riqueza del contenido que habita en su interior…

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