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Un espectáculo fascinante…

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Tab Machado
Tab Machado

Vivir es un espectáculo tan fascinante que a veces quisiera no tener  que pestañar para no perderme ni una centésima de segundo de lo que la vida me ofrece. Y mientras escribo esto no estoy sentado en una cómoda silla móvil especialmente diseñada para computadora en mi oficina privada, ni tengo una suntuosa casa con muebles caros, ni poseo un automóvil del año, elementos materiales que la humanidad se ha encargado de creer y hacer creer que son sinónimos de felicidad y de poder… En realidad

vivo tan o más común que cualquiera y he sufrido tanto o más de lo que han sufrido muchos, sin embargo y aun así, la vida me parece fascinante y digna de ser vivida con plenitud sin perderse ni siquiera un solo cuadro que ofrece a mis ojos… Quizás la máxima virtud para eso es no dejar que ninguna circunstancia me deprima o que la tristeza ocupe un lugar en mi espíritu, porque la depresión y la tristeza son muy amigas de la furia y la desesperación…

Un cuento del genial escritor Jorge Bucay habla precisamente de este hecho y narra que, en un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas… había una vez un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida sin saber por qué, se bañó rápidamente y más rápidamente aún salió del agua…

Pero la furia es ciega o por lo menos no distingue claramente la realidad así que, desnuda y apurada, se puso al salir la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

No le hagas lugar jamás a la tristeza en tu vida porque luego que llega a tu alma es muy difícil dejarla salir… haz lo que  dijo alguna el gran Federico García Lorca: “Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar”.

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