Un paso más hacia el abismo

El ser humano en su frenética, furiosa y enardecida lucha por poseer y acaparar bienes materiales de forma individual y satisfacer sus instintos y deseos ha ido derribando todos los límites posibles del conjunto de normas morales y espirituales que regulan la conducta humana. Los valores han sido pisoteados, abatidos y masacrados sin piedad y la relación social solo se usa para sacar ventajas personales, sin medir ninguna consecuencia.

Afrontamos hoy, quizás, la crisis más dura de la historia de la humanidad en cuanto a los valores morales, espirituales y religiosos. Hoy todo se mide por el dinero o por la satisfacción personal, alejándonos sistemáticamente del verdadero propósito que deberíamos tener como género humano y seres pensantes. Y, mire Usted, la fe que era el último bastión y esperanza de la humanidad para vivir en unidad y concordia, está siendo usada, manipulada, masacrada y usufructuada, como nunca antes, por parte de personas que han visto la posibilidad de lucrar o satisfacer sus instintos con la candidez e inocencia de aquellos que elevan su mirada al cielo en busca de un milagro para sus vidas…

El hombre, en la actualidad, se ha puesto a sí mismo como el centro del universo y su comodidad y su poder sin control, son los nuevos hilos que mueven a la sociedad humana. Es que, a través de los siglos, el ser humano ha ido despejando incógnitas y develando misterios que le han hecho perder su moralidad y anestesiado su alma, lo que le permite sojuzgar y someter sin piedad ni remordimiento a otros hombres, con una impunidad tan grande que le ha hecho perder la más elemental de las condiciones: el respeto a sus semejantes. Es por eso que busca sin escrúpulos donde sacar réditos personales y, cuando encuentra una veta adecuada, la aprovecha y maximiza hasta agotarla por completo y así lo ha hace hoy con la fe, hasta que esta desaparezca por completo dentro de cada ser humano…

Cuenta una historia que el maestro Zusha dijo una vez que: “en el futuro gritará el paraíso ‘tráiganme personas justas, no quiero ocuparme de personas malvadas’, mientras que el infierno gritará lo opuesto: ‘tráiganme personas malvadas, no quiero ocuparme de personas justas’”. Alguien entonces le preguntó: “Evidentemente este comentario es muy sorprendente. ¿Es que acaso alguien puede llegar a imaginarse que las personas malvadas serán conducidas al paraíso, mientras que las personas justas irán al infierno?”

Contestó entonces el maestro Zusha: “llegará el día en que será muy difícil distinguir entre un justo y un malvado y hasta los ángeles celestiales se equivocarán y conducirán a los malvados al paraíso y a los justos al infierno. Y será entonces cuando gritarán y advertirán al paraíso y al infierno, para que sean muy cuidadosos en sus tareas y no se equivoquen al sacar los cálculos sobre el verdadero lugar que le corresponde a cada uno”.

Es que el ser humano se ha estancado cómodamente en un punto indefinido entre las teorías de la creación y la evolución, encontrando allí un terreno que le permite exacerbar su mayor cualidad: el egoísmo. El día que los hombres logren desterrar definitivamente del corazón de sus semejantes la idea de respetar, temer y amar a un ser superior, habrán derribado la última de las fronteras rumbo a su destrucción total y no estamos muy lejos de eso, dado que en la actualidad se comercia con la fe y los milagros, sin importar las consecuencias…

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