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Un Santo sin Zapatos y el Dr. Knoche

Un Santo sin Zapatos y el Dr. Knoche

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Dos nuevas leyendas de Hispanoamérica: Un santo sin Zapatos de Ecuador y El Dr. Knoche de Venezuela…

Misterios mitos y Leyendas el santo descalzoIniciamos con ‘Un Santo sin zapatos’. En el Año 1910, los vecinos de San Roque se sorprendían de ver caminando por sus calles a un caballero alto, distinguido de ojos azules y barba rubia que solía vestir humildemente y caminar descalzo. Durante muchos años ocupó una tienda oscura y húmeda que quedaba en la calle Rocafuerte, frente a la iglesia del barrio.
En aquel cuarto tan austero, este singular personaje montó una zapatería con una mesa y los artículos necesarios para ejercer el oficio de zapatero. Dos muchachos le ayudaban y además de aprender el oficio, ganaban un peso diario más comida, una remuneración que era casi una fortuna para aquella época en que se compraba un huevo por un calé y una gallina ponedora por seis reales.

Todo bondad y gentileza era el ‘zapatero descalzo’ como lo empezó a llamar la gente del barrio. Cobraba muy barato y cuando el cliente era pobre, no le cobraba nada. Fue por eso que la gente le comenzó a conocer después como ‘El Santo Descalzo’.

Los vecinos de Quito veían con ojos incrédulos como todos los domingos el zapatero dejaba su taller a las ocho de la mañana vestido con chaqueta, chaleco de fantasía, camisa con botones de perlas, gemelos de oro en los puños y un bastón con empuñadura de marfil y plata. Pero tanta elegancia contrastaba con sus pies siempre descalzos. Oía la santa misa con gran devoción y en muchas ocasiones testigos lo vieron llorar. Vuelto a su taller desde la iglesia se encerraba en su casa y el lunes abría nuevamente su taller a las seis de la mañana. Solía comer humildemente, pero a sus operarios siempre les brindó pastas, dulces y finas conservas.

Con los pies desnudos bajaba frecuentemente por la calle Rocafuerte hasta llegar al Arco de la Reina, en el hospital San Juan de Dios, luego tomaba García Moreno o calle de las Siete Cruces para llegar a la iglesia del Carmen Alto en donde entraba a rezar. Después, se dirigía a la iglesia de la Compañía para asistir a la misa de las nueve y escuchaba todo el servicio religioso de rodillas.

Con el tiempo se desveló el misterio del ‘Santo Descalzo’. Su verdadero nombre era Miguel Araque Dávalos, hijo de una de las familias aristocráticas y de dinero de la ciudad de Riobamba.
Don Miguel se había enamorado de una mujer de mala reputación y poco decente y, aunque trató de olvidarla, no pudo. Para tratar de olvidar su pasión, decidió abandonar su Riobamba natal para irse a Quito. Un día leyó sobre el milagro de La Dolorosa del colegio San Gabriel sucedido un 20 de abril de 1906 y desde ahí se encomendó a la Madre Dios y a cambio de que le hiciera olvidar a la mujer que le robó el corazón, Miguel se comprometió a caminar descalzo durante un año y trabajar durante ese mismo tiempo como un humilde zapatero.
A la final, logró olvidar a la mujer ya que esta se fue con un gringo que había llegado a trabajar en el ferrocarril. Miguel ya no sufrió más y dicen que se curó por obra de la Dolorosa y así ha vivido en el recuerdo de los quiteños como el ‘Santo Descalzo’.

La Leyenda del Dr. Knoche

Misterios mitos y leyendas Dr. KnocheGottfried August Knoche, nacido en Halberstadt, Alemania en 1813 fue un médico cirujano, famoso por inventar un líquido embalsamador con el que momificó docenas de cuerpos, incluyendo el propio, en los laboratorios ubicados en la Hacienda Buena Vista, ubicada en el sector Palmar del Picacho de Galipán, en Vargas, Venezuela. Es uno de los personajes más misteriosos y enigmáticos relacionados con la historia de Venezuela a mediados del siglo XIX.

Knoche emigró a Venezuela en 1840 para domiciliarse en La Guaira y atender a la población de alemanes establecida en ese entonces en el litoral, donde refundó el “Hospital San Juan de Dios”,  entre 1854 y 1856.

Una vez establecido en La Guaira trajo a vivir a su esposa y las niñas, Josephine y Amalie Weissmann, que más tarde serían sus enfermeras y ayudantes. Se ganó la fama de persona caritativa, al atender a pacientes pobres sin cobrar, además de su incansable lucha contra la epidemia de cólera que asoló la región en esos años.

Su fascinación y persistencia por evitar el inexorable proceso de descomposición de los cuerpos, le hizo experimentar con cadáveres no reclamados de la Guerra Federal. Knoche creó un líquido que se inyectaba en el torrente sanguíneo y conservaba al cadáver sin necesidad de extraer sus órganos. Así, el doctor momificó varios cuerpos y los mantuvo en su laboratorio.

Esta obsesión por dotar de una apariencia de vida a los muertos dio pie a una de las anécdotas más populares atribuidas a este enigmático personaje. Los familiares de don Tomás Lander, distinguido hombre público de la Caracas del siglo XIX, conocieron a través de un amigo las virtudes del misterioso líquido embalsamador del Dr. Knoche y solicitaron al médico que momificara el cuerpo de su deudo. Una vez concluido el proceso, con el cuerpo ya vestido y maquillado por sus familiares, sentaron a Lander en un escritorio a la entrada de su casa y allí estuvo durante 40 años, hasta que el gobierno de Antonio Guzmán Blanco exigió a los descendientes del difunto que enterrasen a la momia. Un presidente de Venezuela, Francisco Linares Alcántara, también fue momificado por el médico alemán. Igualmente, momificó hasta sus perros y los convirtió en guardianes de la entrada del mausoleo.

Para su propia muerte Knoche había previsto que fuese la enfermera Amalie Weismann la encargada de suministrarle el suero momificador, dosis que dejó preparada. Aunque Amalie parece haber consultado con el cónsul alemán de la época acerca de redactar un documento en el que constara que su última voluntad era que su cuerpo fuese cremado y las cenizas arrojadas al mar, el doctor Lesse y Carlos Enrique Reverón subieron a Bella Vista, inyectándole la dosis preparada para ella 20 años antes por el mismo Knoche. Luego cerraron la puerta del mausoleo y las llaves fueron lanzadas al mar.

Los vecinos de Knoche temían pasar por su hacienda de noche, donde aseguraban que el alma de los muertos corría cual luciérnagas nocturnas y como fuegos fatuos en las noches oscuras.

Después de morir Knoche, Amalie vivió 25 años sola, únicamente rodeada de momias por lo que fue tildada por algunos como la Bruja del Ávila. Según aseguran personas que pernoctan en el lugar a veces se puede sentir su presencia en la hora del Ángelus…

 

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