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Una cacería muy especial

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Leyenda Urbana
Leyenda Urbana

¿Quién no ha escuchado alguna vez historias extrañas que dicen haber ocurrido en nuestros propios pueblos? Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

Esta es una leyenda urbana que ha recorrido el mundo y que cuenta con varias versiones en los diferentes continentes. Nosotros le narramos hoy la original de ellas, que cuenta la historia de un par de

amigos que deciden echar ‘una canita al aire’ y se inventan una historia para engañar a sus mujeres

La leyenda tiene como protagonistas a este par de amigos de origen español que llevaban un tiempecito casados y tenían ganas de echar una canita al aire, por lo que decidieron comprar un par de billetes de oferta para pasar un fin de semana en Brasil disfrutando de una ocasional soltería. Como eran aficionados a la caza (mayor en este caso), les contaron a sus mujeres que se iban de montería a una finca de Toledo, donde iban a poder cazar buenas piezas que después traerían para disfrutar en familia…

El caso es que marcharon de sus casas, pertrechados para pasar un fin de semana en el campo, es decir con sus gorros de plumas de faisán, su traje de camuflaje, sus escopetas y sus cartuchos. Se saludaron con a sus familias y salieron dejando los celulares en sus casas porque así se concentraban en cazar y no tenían ninguna interrupción. Cubriendo muy bien sus espaldas por cualquier contingencia, les dijeron a sus esposas que la cabaña a donde iban estaba en la mitad de un bosque, no tenía teléfono ni electricidad, así que estarían aislados todo el fin de semana.

Apenas salieron de sus casas y se encontraron,  se rieron con ganas y se felicitaron por la gran idea que habían tenido. Se cambiaron de ropa en el coche y, ya vestidos con sus bermudas y camisas de flores, se dispusieron a tomar el avión para Brasil, donde legiones de preciosas jóvenes seguramente los esperarían para pasar un fin de semana de los de antes, cuando eran solteros y sin responsabilidades…

Por supuesto que dejaron el coche aparcado en el Aeropuerto de Madrid- Barajas con la ropa y los utensilios de la caza en el baúl, esperando para cuando regresaran de tan buen viaje. Lo que harían al volver sería pasar por  algún lugar a comprar un poco de carne de ciervo, mostrándola como el producto de su cacería en los montes de Toledo.

Todo parecía marchar muy bien para aquel par de amigos que pensaban tener un fin de semana inolvidable… el problema surgió cuando, en un registro rutinario del parking del aeropuerto, los perros de la policía detectaron el olor a pólvora de los cartuchos que surgía del baúl del auto de aquellos hombres e inmediatamente empezaron a ladrar para dar la alarma. Un equipo de Seguridad del Departamento de Policía y personal del Plantel Antibombas se desplazaron rápidamente al lugar para proceder a investigar el vehículo, no sin antes intentar localizar a su propietario.

Luego de un chequeo de la matrícula se pudo establecer el domicilio del propietario y a continuación reproducimos la conversación entre la policía y la señora del cazador dueño del coche: “Buenas tardes Señora… Aquí le habla la policía. El caso es que hay un coche aparcado aquí, en el Aeropuerto de Barajas, que resulta ser suyo y parece ser que hay algo sospechoso adentro”…

La Señora, sin desconfiar aun de lo que ocurría, respondió inocentemente que, “eso  es imposible, mi marido se llevó nuestro automóvil y está en Toledo de montería, cazando ciervos”…

El Policía, sin poder ya ocultar una sonrisa socarrona le dijo a la mujer, “pues me parece a mí que los únicos cuernos que va a haber aquí son los que acaba usted de adquirir por el mismo precio del billete, porque su marido está en Brasil según nos ha informado la compañía aérea”…

El caso es que las dos señoras acudieron a Barajas a esperar el regreso de los sinvergüenzas de sus maridos, junto con sus abogados, para pedirles allí mismo formalmente el divorcio…

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