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Una cosa es ser y otra muy diferente parecer…
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Una cosa es ser y otra muy diferente parecer…

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Tab Machado
Tab Machado

El humanismo, la bondad, la misericordia y el altruismo, son valores esenciales que reúnen aquellos seres humanos excepcionales que se distinguen verdaderamente de los demás y hacen una diferencia positiva en la vida.

Esas personas ponen de manifiesto estos valores en los hechos cotidianos que realizan, sin tener necesidad de cubrir sus acciones con poses, falsa apariencia o palabrería barata. Como decía mi padre: una cosa es ser y otra muy diferente parecer… por eso no basta con decir soy bueno o aparentar serlo, sino que hay que sentirlo y demostrarlo en el diario vivir.

Hay una vieja narración egipcia que nos cuenta de un monje muy santo que vivía en el desierto, ayunaba a menudo y había abrazado la más abnegada pobreza. Mucha gente lo tenía por santo y decían que era el hombre que estaba más cerca de Dios. Así parecía, puesto que este monje se pasaba mucho tiempo en serena contemplación y diálogo con Dios.

Un día llegó a oídos del monje lo que la gente decía de él y, picado por la curiosidad, le preguntó a Dios: “Dime, Señor ¿es cierto lo que la gente dice de mí, que soy el hombre más santo y el que está más cerca de Ti?”… “¿De veras quieres saberlo? ¿Por qué estás tan interesado?” le preguntó Dios…

El monje le contestó: “No es la vanidad la que me mueve a preguntarte, sino el deseo de aprender. Si hay alguien más santo que yo, debo ser su discípulo para saber acercarme más a Ti”… Dios entonces le dijo: “Muy bien, baja por el sur al pueblo más cercano y pregunta por el carnicero, él es el más santo”…

El monje se sorprendió mucho con la respuesta de Dios pues en aquella época los carniceros gozaban de muy mala fama pero, obediente, hizo lo que el Señor le indicó. Llegó al pueblo y pudo observar detenidamente al carnicero, no encontrando en él nada extraordinario. Al verlo incluso llegó a dudar, le pareció de bruscos modales, algo malhumorado y observó con preocupación que cada chica hermosa que llegaba a la carnicería, era mirada de forma “no muy santa ” por el carnicero.

Cuando terminó de atender a la gente y se disponía a cerrar el negocio el carnicero, sorprendido, le preguntó al monje que quería. El monje le contó el motivo que le había llevado a verlo y el carnicero quedó más sorprendido todavía. “Mire, yo no dudo de su palabra pero me sorprende mucho que Dios le haya dicho eso. Yo soy un gran pecador y, aunque voy a la Iglesia, no lo hago con la frecuencia con que debería. Pero en fin, mi casa es su casa” dijo y lo invitó a pasar y a comer con él. Cuando entraron, el carnicero fue directamente a una habitación en donde estaba un anciano que recibió todo su cuidado, incluso le dio de comer en la boca y lo arropó con cariño para que durmiera. “Perdone mi indiscreción” le dijo el monje al carnicero, “¿es su padre?”

“No, no lo es”, respondió el carnicero, “En realidad es una larga historia”, añadió. “¿Podría contármela?”, inquirió el monje.

“A usted se la contaré pues sé que los monjes saben guardar secretos. Este hombre fue quien mató a mi padre. Cuando vino al pueblo, mi primer impulso fue matarlo para vengarme pero estaba viejo y enfermo por lo que sentí pena por él. Luego recordé a mi padre, que siempre me enseñó a perdonar y, en su nombre, decidí tratarlo con amor, como hubiera tratado a mi padre si aún viviera”…

La historia nos demuestra que es a través de los hechos que cada persona demostrará lo que lleva en su corazón.  Por eso, si quieres conocer de verdad una persona y saber lo que hay en su interior no te dejes llevar por las apariencias, tan solo dale tiempo al tiempo para que el peso de sus acciones lo ubique en su verdadero lugar. Recuerda siempre que el hábito no hace al monje y que una cosa es ser y otra muy diferente tan solo parecer o aparentar…

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