Home Editoriales Una esperanza para confiar otra vez…
Una esperanza para confiar otra vez…
0

Una esperanza para confiar otra vez…

0
0
Tab Machado
Tab Machado

Cuéntame tan solo un hecho positivo y te diré que todo ha valido la pena, dame tan solo una esperanza y podré confiar otra vez… ¿Quién no ha pensado así en alguna oportunidad?  Quien no ha conocido la noche oscura, esa que a veces te cubre pesadamente con su negro manto y no permite ver los hilos de luz que te guían hacia la salida…

Todos hemos tenido buenos y malos momentos, pero en la época de poca luz, donde todo parece imposible y andas a tientas, a veces necesitamos confiar en alguien, sentir que nos dan la mano y nos ayudan a encontrar el camino que tanto anhelábamos…Y, cuando por fin encuentras ese ser que te guía otra vez a la luz, sobran las palabras y queda por siempre el agradecimiento eterno… Por eso son importantes y se valoran tanto esos puentes de fe y esperanza que nos tienden las personas que nos estiman y quieren, ya que son los que te permiten atravesar los momentos más difíciles de la vida.

Cuenta una historia real que un hombre, visitando una leprosería en una isla del Pacífico, se sorprendió  de que entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que siempre decía “gracias” cuando le ofrecían algo. Entre tantos “cadáveres” ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano.

Cuando el visitante preguntó qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, le dijeron que lo observara por las mañanas. Entonces vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba y allí esperaba… esperaba… hasta que, a media mañana, tras el muro aparecía durante unos cuantos segundos un rostro, una bella mujer que se paraba al frente y le sonreía con una hermosa y amplia sonrisa.

Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego la mujer desaparecía y el hombre, iluminado en su espíritu, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y crecía su voluntad y esperanza para esperar que, al día siguiente, regresara el rostro sonriente de aquella mujer que era su esposa.

Resulta que, cuando arrancaron al enfermo de su pueblo y lo trasladaron a la leprosería, la mujer lo siguió y se instaló a vivir en el pueblo más cercano a aquel horrible hospital. Así, todos los días acudía a la leprosería para expresarle su gran amor. “Al verla cada día”, le dijo el enfermo al visitante, “sé que todavía vivo y renace mi esperanza”…

El mayor bálsamo y estímulo que existe para un ser humano que vive un momento de oscuridad es una mano amiga que lo guie nuevamente a la luz y/o lo llene de esperanza. Por eso, si quieres ser verdaderamente grande no pierdas el tiempo demostrando cuán importante eres tú, mejor alienta e impulsa a quienes te rodean a superarse y tu grandeza se verá reflejada en el éxito de los demás… Nunca olvides que cuanto más impulso cobren ellos, mas alto volarás tu mismo.

 

 

 

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *