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Usan cascos de moto porque el techo de la oficina no para de caerse

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Los empleados de una oficina gubernamental en ruinas en Bihar, India, hartos de vivir con el temor constante de que algún pedazo de techo se caiga sobre sus cabezas se vieron obligados a usar cascos de motocicleta a toda hora.

Cuatro empleados que trabajan en el edificio hicieron un video que se volvió viral y en el que se muestran con cascos de motocicleta mientras trabajan en sus escritorios. La escena fue detectada por los noticieros locales y las investigaciones revelaron que el edificio del gobierno en Areraj, Distrito de Champaran, había sido declarado peligroso por los inspectores de seguridad de trabajo hace dos años, pero no se tomaron medidas para mudar a los trabajadores a un lugar más seguro.

“El departamento de construcción de edificios declaró dos años atrás que el edificio es peligroso y no apto para el uso. Las autoridades, sin embargo, no encontraron un alojamiento alternativo para cambiar la oficina”, dijo Amit Kumar Pandey. “La situación se ha agravado debido a las lluvias, ya que todo el edificio se filtra, comprometiendo la seguridad del equipo de oficina y los archivos. El asunto se ha comunicado a los oficiales superiores muchas veces por escrito, pero sin éxito”.

El agua que se filtra por el techo no es lo que llevó a los empleados a comenzar a usar cascos de moto, sino que lo hacen por las partes del techo que han estado cayendo sobre sus cabezas durante algún tiempo y ahora está en tan mal estado que podría derrumbarse cualquier día.

Después de que el video se volvió viral, los funcionarios del gobierno local anunciaron que la oficina será trasladada lo más pronto posible, pero añadieron que los cuatro trabajadores han sido reprendidos por recurrir a los medios de comunicación en lugar de tratar de resolver el problema en forma interna.

 

Científicos chilenos crean patatas fritas saludables mezcladas con arroz

Un equipo de científicos (del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Santiago de Chile) ha creado una ‘patata frita’ saludable que absorbe hasta tres veces menos aceite durante la fritura, en un intento por combatir las altas tasas de obesidad.

El sustituto de la popular papa ha sido concebido mediante un proceso de destrucción, utilizando una mezcla de descartes de patata y subproductos del pulido de arroz.

Según los autores de este invento, la nueva papa frita tiene una forma “un poco distinta” para distinguirla de la tradicional, pero su sabor “es muy parecido” además de ser “más sana”.

El objetivo final de este proyecto es el de reducir la tasa de obesidad que afecta a la población chilena que, con un 63% es la más alta de Sudamérica, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En Julio pasado, científicos de la Sociedad Estadounidense de Nutrición difundieron los resultados de un estudio que determinó que el consumo de papas fritas duplica el riesgo de muerte prematura. Según sus conclusiones, las personas que consumen este tubérculo cocido o al horno presentan un estado de salud mucho mejor que aquellos que suelen comerla frita. No en vano, de acuerdo con este trabajo, alimentarse dos veces o más a la semana con papas fritas aumenta el riesgo de una muerte prematura.

 

Perdió su anillo y años después lo encontró en una zanahoria

Mary Grams, de 84 años perdió su anillo mientras realizaba labores en su huerta. Aunque buscó durante días, el anillo nunca apareció. De hecho se compró uno idéntico, para que su esposo no se diera cuenta de lo ocurrido.

Trece años después, su nuera empezó a cosechar unas zanahorias que había plantado en el mismo patio y dio con el anillo. La historia, que ha asombrado a miles de personas en redes sociales, ocurrió en la ciudad de Alberta, Canadá.

La historia no pasaría de una anécdota curiosa, si no fuera porque en 2012 y 2016 se reportaron también otros dos casos idénticos, en los que sólo varían las coordenadas geográficas. El resto se repite como un calco: Una pareja de larga data, un anillo que se pierde trabajando en la tierra, y reaparece muchos años después enganchado a una zanahoria.

El caso de 2016 ocurrió en Alemania y el protagonista fue un hombre de 82 años que había extraviado el anillo tres años antes. Por desgracia, al momento del hallazgo su esposa llevaba seis meses muerta. El de 2012 fue en una finca rural en Suecia y el anillo pasó 16 años sepultado.

 

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