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¡Viven! 38 años del Milagro de los Andes

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¡Viven! 38 años del Milagro de los Andes
¡Viven! 38 años del Milagro de los Andes

Se cumplieron la semana pasada 38 años de la tragedia y milagro de Los Andes…

El accidente del Vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, conocido como el ‘Milagro de los Andes’, ocurrió el 13 de octubre de 1972, cuando el avión con 40 pasajeros y 5 tripulantes que conducía al equipo de rugby ‘Old Christians’ se estrelló en la Cordillera de los Andes en ruta hacia Chile.

El 12 de octubre el avión Fairchild partió de Montevideo hacia Santiago de Chile y el mal tiempo los obligó a detenerse en Mendoza, Argentina, donde pasaron la noche.

El vuelo continuó el 13 de octubre cuando amainaron levemente las condiciones de tormenta. La ruta a seguir era entre las ciudades de Malargüe (Argentina) y Curicó (Chile). Debido a un fatal error de navegación, el piloto notificó a los controladores aéreos que se encontraba sobre el Paso del Planchón, en Curicó, cuando en realidad estaban más al norte, cerca del cerro El Sosneado y el volcán Tinguiririca. Este error de más de 100 km dificultó posteriormente las tareas de rescate.

Al momento de iniciarse el accidente, el Fairchild volaba a 6.000 m por un corredor aéreo. El avión comenzó el descenso por instrumentos debido a la niebla de una tormenta.  Mientras todavía se encontraba sobre las montañas el piloto creyó, debido a otro error, que habían ya traspasado el cordón montañoso, aunque apenas habían traspuesto las primeras cumbres, entonces viró al norte. El aparato descendió cientos de metros al atravesar bolsas de aire y se metió en un largo cajón de elevados riscos en medio de la niebla.

Repentinamente los pilotos vieron cómo el aeroplano estaba por colisionar con el Cerro Seler. La aeronave se enfrentó al alto farallón que pudo salvar por un par de metros, pero la cola golpeó la orilla de la cumbre y lo hizo una segunda vez en otro risco del pico a 4.200 msnm, perdiendo el ala derecha. Al desprenderse su cola dejó abierta la parte posterior del fuselaje y por allí salieron dos filas de asientos que, al impactar contra la montaña, murieron cinco personas.

Al golpear el avión por tercera vez en un pico, perdió el ala izquierda, quedando únicamente su fuselaje. Éste golpeó el terreno y resbaló por una ladera nevada de más de 4 km hasta detenerse en un banco de nieve. Dos pasajeros más salieron despedidos por el boquete posterior.

El avión quedo en  una pendiente a 3500 msnm, en el Glaciar de las Lágrimas, Mendoza, Argentina, a 1200 m de la frontera.

El golpe de la nariz del avión contra la nieve resultó fatal para los tripulantes y muchos pasajeros sufrieron traumatismos que provocaron su muerte, mientras otros quedaron atrapados en sus asientos sin posibilidad de zafarse. Increíblemente, algunos pasajeros resultaron ilesos o con heridas leves. Hubo otros pasajeros con heridas internas graves que fallecieron en horas posteriores. De inmediato se organizó a los ilesos para ayudar a liberar a los que seguían atrapados, despejando el fuselaje.

Supervivencia de 72 días

De las 45 personas, doce murieron en el accidente, cinco habían fallecido a la mañana siguiente y al octavo día, murió otra pasajera. Los 27 restantes hicieron frente a las duras condiciones ambientales (-25 a -42 °C) de supervivencia en las montañas congeladas, aún en plena época de nevadas. Durante varios días las partidas de rescate intentaron localizar los restos del avión sin éxito.

Los sobrevivientes se organizaron para resistir las duras condiciones imperantes y fabricaron elementos y utensilios ingeniosos tales como alambiques, guantes, botas y anteojos para resistir el frío y el encandilamiento de la nieve.

La búsqueda se suspendió ocho días después del accidente. En el undécimo día en la montaña los supervivientes escucharon por una radio de pilas, con consternación que se había abandonado la búsqueda.

¡Viven! 38 años del Milagro de los Andes
¡Viven! 38 años del Milagro de los Andes

La noche del 29 de octubre, a 16 días de la caída, una nueva tragedia golpeó al grupo cuando un alud se deslizó y sepultó los restos del avión, sepultando a quienes dormían en su interior salvo a Roy Harley, quien desesperadamente comenzó a cavar en busca de los que yacían bajo la nieve. Pese a los intentos de rescate ocho personas murieron asfixiadas. No obstante, el enterramiento del fuselaje permitió al resto de los sobrevivientes no morir congelados más adelante. A mediados de noviembre, fallecieron dos jóvenes más a causa de la infección de sus heridas.

Los supervivientes disponían apenas de alimentos y la comida pronto se mostró insuficiente. En el lugar donde se habían estrellado no había vegetación ni animales, el terreno era suelo desnudo de nieves perpetuas. El grupo pudo sobrevivir durante 72 días y no morir por inanición gracias a la decisión grupal de alimentarse con carne de sus compañeros muertos. No fue una decisión fácil de tomar pero era la única esperanza de sobrevivir y la decisión la tomaron como un acto de fe religioso.

Trataron de utilizar la radio de la cabina para pedir auxilio, pero carecía de energía pues la batería estaba en la cola que había quedado a 2 kilómetros de distancia.  Varios supervivientes caminaron hasta allí pero cuando llegaron vieron que las baterías resultaban excesivamente pesadas para trasportarlas hasta el fuselaje del avión, por lo que decidieron desmontar la radio y llevarla pues la batería estaba en buen estado. Además en algunas valijas hallaron chocolates y licores. A pesar de los esfuerzos no lograron comunicarse pues un cortocircuito originado dañó irreparablemente la radio.

El rescate

Para comienzos de diciembre el deshielo dejó al descubierto el fuselaje y los sobrevivientes  vieron que su única esperanza consistía en ir a buscar ayuda. El 12 de diciembre de 1972, Fernando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín parten en busca de ayuda.

Al creer que se encontraban en territorio chileno tomaron la decisión de caminar rumbo al poniente, teniendo que encarar el cruce del encadenamiento principal de los Andes sin medios, preparación, ni fuerzas adecuadas.

Al tercer día de marcha Vizintín se lesiona, por lo que tiene que volver.  Diez días después de partir y habiendo caminado unos 55 km, Parrado y Canessa llegan al sector de Los Maitenes. Recorren un río por casi día y medio y no pueden pasarlo por la crecida del deshielo. Canessa comienza a sentirse enfermo y Parrado carga las mochilas. Al amanecer del día siguiente ven en la otra orilla a un arriero chileno que los observa. Logran hacerle llegar un mensaje escrito que decía: “Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?”

Sergio Catalán, entiende el mensaje, les lanza un poco de pan y se dirige al retén de Puente Negro y da la noticia. Luego de ello, una patrulla se dirige al sector y brindan ayuda.

El 22 de diciembre, los pilotos chilenos Carlos García, Jorge Massa y Mario Ávila recibieron incrédulos la noticia de que habían aparecido sobrevivientes del avión uruguayo extraviado hacia más de dos meses en la cordillera. Se habían realizado, hasta suspenderse la búsqueda, 66 misiones sin resultados.

Tres helicópteros se trasladaron hacia Curicó para organizar el rescate. Parrado sirvió de guía a los helicópteros que remontaron con gran dificultad las alturas.

Una vez a la vista el sitio del accidente, los pilotos chilenos comprendieron que el rescate iba a ser muy difícil debido a la pendiente del terreno, mientras los 14 sobrevivientes saltaban y gritaban de alegría. Tras ser rescatados fueron trasladados a Santiago para ser atendidos por médicos. Los rostros de los sobrevivientes mostraban las penurias padecidas…

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