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Vuelta a clases

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Agosto nos marca el final de las vacaciones y los más jóvenes se preparan

lápìces de colores
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para comenzar un nuevo ciclo de estudios.

Los más jóvenes de la casa culminan en estos días sus vacaciones y se preparan para comenzar un nuevo ciclo escolar. Si bien algunos de ellos pueden tomar  mal el regreso a lo cotidiano otros, sin embargo, están deseosos de volver a ver a sus compañeros de clase y contarles cómo les ha ido en las vacaciones.

Desde muy temprano en la vida de un niño la escuela se convierte en un lugar casi tan importante como su propia casa. Pasan allí una gran parte de su tiempo, viven importantes experiencias, conocen a sus primeros amigos y los profesores adoptan un papel muy importante en sus vidas. En el caso de los más pequeños su primera incursión en la escuela será un paso muy importante  y su adaptación dependerá mucho de  la relación emocional con sus progenitores. En muchas ocasiones la dificultad del niño para ir a la escuela es la muestra de la dificultad que tiene la madre de separarse del niño.

En la escuela los niños son uno más entre sus compañeros, no hay privilegios y  no está la madre protectora satisfaciendo sus caprichos. Representa el primer paso de entrada a la sociedad, con sus normas y límites, que nos obligan a abandonar ciertas tendencias personales a favor de una convivencia social más adecuada.

La vuelta al colegio no supone lo mismo para el joven o niño que disfruta en el centro educativo que para el que lo percibe como un alejamiento de su entorno familiar o de sus fantasías. En el caso de los padres tampoco es lo mismo para los que entienden la escuela como medio de crecimiento de sus hijos, que para aquellos que la conciben como poco más que una manera de quitarse a los hijos de en medio.

Después de las vacaciones, donde no había horarios ni prisas para ir a la cama, con todo el día para el ocio, se hace algo cuesta arriba volver a la rutina diaria. Todo esto va a suponer una adaptación que para algunos será más complicada que para otros y la dificultad mayor radica en que hay personas a las que les cuesta más aceptar los cambios, por lo que todo lo nuevo se convertirá en un drama.

La actitud de los padres y el comportamiento de los profesores son fundamentales para una correcta adaptación del niño a la escuela. Es muy importante que le transmitan seguridad y tranquilidad. No hay que olvidar que, en un principio, los niños viven en el inconsciente sus padres, es decir, en la ideología que ellos le transmiten. El miedo fundamental no es el de ir a la escuela, sino el de dejar el hogar y separarse de la familia.

Tampoco podemos olvidar que la educación, sobre todo en niveles superiores, está muy relacionada con el terreno laboral, es decir, con la elección de profesión y la preparación para afrontar la etapa adulta.

Encontramos frecuentemente que el fracaso y crisis del crecimiento en los jóvenes, cuando tienen que dar algún paso en su formación, muchas veces tiene que ver con esa dificultad de alejarse de la familia, que antes comentábamos. El crecimiento, el éxito, en muchas ocasiones acarrea alejarse de las ideas que nos ha transmitido la familia, incluso para alcanzar posiciones sociales superiores a la de los progenitores. Como vemos, puede ser un paradigma para el psiquismo del joven, cuyo mundo debería comenzar a alejarse del hermetismo familiar.

Las sensaciones que perciben los niños ante la vuelta al colegio no son debidas al azar, manifiestan su forma de relacionarse con el mundo y depende en gran medida de lo que sus padres le hayan transmitido. En muchas ocasiones son los propios padres los que establecen unas relaciones familiares herméticas y cualquier apertura al mundo es vivida como un drama.

Algunos consejos para volver a clase de forma saludable

Para que los niños vuelvan a clase sin problemas hay que transmitirles la alegría que supone ir a la escuela, aprender, conocer nuevos compañeros, tener cierta independencia y desarrollar sus propios gustos.

Es recomendable participar activamente en la educación de nuestros hijos, ayudarles a hacer los deberes, preguntarles cómo ha sido el día escolar.

Es importante mantener una buena relación con los profesores. No hay que olvidarse tampoco, de que en la escuela la autoridad la representa el profesor. El niño ha de saberlo y los padres no deben discutir este principio.

Los psicólogos coinciden en que la enseñanza de los niños no sólo es competencia de los profesores: los padres deben asumir su responsabilidad de participar de una forma activa en la actividad educativa de sus hijos y ser

transportador
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el ejemplo de aquello que esperan que los niños imiten y respeten.

La motivación es fundamental para determinar los esfuerzos y el interés que el niño mostrará por aprender. El pequeño ha de sentir que forma parte con su familia de un equipo, que trabaja hacia una meta: progresar en los estudios. Los niños necesitan experimentar el éxito y comprender que para conseguirlo se necesita un trabajo sostenido.

Motivar a los niños, controlar sus cuadernos y deberes escolares, asegurarse de que cumplen los horarios establecidos, recompensarles cuando han realizado ciertos logros y ayudarles  a preparar los exámenes, son algunas actitudes eficaces con las cuales los padres pueden favorecer la curiosidad y el interés por aprender en sus hijos.

Es importante elogiar a los niños: hablar de las ideas, del esfuerzo realizado y de sus logros eleva su autoestima, por lo que intentarán conquistar nuevos objetivos.

Los padres deben favorecer en sus hijos los sentidos de la autodisciplina y la orientación, de modo que alcancen sus metas porque disfrutan del hecho de sentirse competentes. Este tipo de motivación no es innata en los niños, deben aprenderla.

La perseverancia, paciencia y el amor son las claves que poseen los padres para ayudar a sus hijos a superarse día a día.

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