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¿Ya nadie teme a los 7 pecados capitales?

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El conocimiento o temor a los siete pecados capitales se ha ido perdiendo conforme pasa el tiempo, tanto es así que las personas caen frecuentemente en alguno de ellos sin temor a los castigos que se les pudiera imponer.

La evolución de la ciencia, la pérdida del miedo a Dios, el ateísmo creciente y la liberación que ha tenido la humanidad de los valores morales ha hecho que el temor a caer en alguno de los 7 pecados capitales haya ido desapareciendo. Incluso una encuesta de hace un tiempo atrás sugería que las personas consideran que los siete pecados capitales están desfasados y que habría que sustituirlos por otros más ajustados a nuestro tiempo. Según las respuestas de los participantes en el sondeo realizado, de los siete pecados originales, sólo la codicia ha logrado sobrevivir. De manera que la soberbia, la envidia, la ira, la gula, la pereza y la lujuria, considerados por la tradición cristiana como pecados mortales que acarreaban una condena eterna, se han visto desalojados de la escala de valores de los ciudadanos, para dejar sitio a nuevas perversiones morales como la crueldad, considerada la falta más grave por un 39% de las personas consultadas.  El adulterio (11%), el fanatismo (8%), la deshonestidad (7%), la hipocresía, la codicia (6%) y el egoísmo (5%) completan la lista. Según la encuesta al 41% de los hombres no les importaría pecar contra la lujuria, frente a un 26% de las mujeres.

El hombre contemporáneo se siente a menudo muy alejado de la concepción tradicional del pecado después de Freud, ya que desde la divulgación de sus ideas la culpa parece haberse difuminado. Así que, para aclarar un poco los conceptos, podría ser recomendable la lectura del “Diccionario de los Sentimientos”, del filósofo José Antonio Marina, en el que nos muestra cómo la parte del cerebro que gobierna la inteligencia se adapta mejor y más rápidamente que la parte que gobierna los sentimientos (el sistema límbico), por lo que en la cultura occidental se ha dado un corte o separación entre los sentimientos y la inteligencia, en general para minusvalorar aquéllos, menos controlables, en favor de ésta, más mesurable, hasta el punto de que la palabra con la que los griegos designan el mundo afectivo es pathos, que pasa en castellano a ‘patología’, que etimológicamente significa “ciencia de los sentimientos”, pero que en realidad se usa como “ciencia de las enfermedades”.

Los 7 pecados Capitales

El origen de la noción de los pecados se remonta al siglo IV, cuando el ermitaño Evagrio el Póntico, también conocido como el Solitario, fijó en ocho las principales pasiones humanas pecaminosas que eran: ira, soberbia, vanidad, envidia, avaricia, cobardía, gula y lujuria. Un siglo más tarde, el sacerdote rumano Juan Casiano redujo la lista a los siete ítems que conocemos: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia. Fue el papa Gregorio (540-604) quien los oficializó definitivamente con el orden que aparece arriba y ese mismo orden fue empleado tiempo después por Dante en su Divina Comedia. Según Santo Tomás de Aquino, el calificativo capital no alude a la gravedad de estos pecados, sino a que de ellos emanan todos los demás.

Los reconocidos “siete pecados capitales” son un conjunto de vicios opuestos a la enseñanza moral que el Catolicismo y el Cristianismo transmiten.

Otros artistas europeos, al Igual que Dante, tuvieron su parte en la promulgación de estos pecados capitales, gracias a la idea de utilizarlos como fuentes de inspiración en sus obras. Más allá de esto, la comunidad religiosa ha debatido durante años el verdadero contenido de los mismos llegándose, en muchos casos, a diferentes interpretaciones con sus respectivos castigos.

El primero en encabezar la lista, es la lujuria, que ha sido definido como aquel pecado que incluye pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual o, en palabras de Dante, “el amor excesivo por los demás”, lo que pondría a Dios en segundo lugar.

El segundo pecado es la gula y  ha sido interpretada como el consumo excesivo de comida y bebida aunque antiguamente se utilizaba para señalar toda clase de exceso. Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria, la gula también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo. De esta manera el abuso de substancias o las borracheras pueden ser vistos como ejemplos de gula.

La avaricia ha sido considerada como un pecado muy similar a la lujuria o a la gula pero aplicada a la adquisición de riquezas en particular. Tomás de Aquino escribió que la avaricia es “un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales”. ‘Avaricia’ es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Estos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspiradas por la avaricia. Tales actos pueden incluir la corrupción.

La pereza, ha sido catalogada como la “tristeza de ánimo” que nos aparta de las obligaciones espirituales o divinas. Bajo el nombre de cosas espirituales y divinas se entiende todo lo que Dios prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión. Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital. Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios.

La ira ha sido descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacia uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias manos), fanatismo en creencias políticas y religiosas, generalmente deseando hacer mal a otros. Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión, llevando a la discriminación. Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos, genocidio.

La envidia, el sexto pecado capital, se relaciona con la avaricia, sin embargo, la envidia desea algo que alguien más tiene y, por consiguiente, lleva a la persona a desear el mal al prójimo, así como sentirse bien con el mal ajeno.

Por último está  la soberbia o el orgullo, el deseo por ser más importante o atractivo que los demás, es considerado el más grave de los pecados capitales y fuente de los mismos. Según la Biblia, este pecado es cometido por Lucifer al querer ser igual que Dios.

Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia).

La oposición a los pecados capitales son 7 virtudes fundamentales para los seres humanos y son: la castidad, la templanza, la sencillez, la caridad, la paciencia, la laboriosidad y la humildad.

Conociendo esto… ¿caes tú a menudo en alguno de los 7 pecados? ¿O crees que los mismos ya están perimidos u obsoletos y no hay que preocuparse por ellos?

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