Columna de la Dra. Eva Serrano Esperanza, fe y amor al prójimo

Primero, les ofrezco un saludo muy cordial en esta temporada festiva. Celebrar la navidad y preparándonos para el año nuevo significa una oportunidad para reflexionar y recordar.

Con el fallecimiento de mi mamá hace seis meses, les ofrezco estos recuerdos como hija bendecida de una mamá mexicana y un papá puertorriqueño que se casaron en Chicago durante una temporada de pocos hispanos en el área, donde no existían el teléfono celular, internet, paquete latino de cable y pocas tiendas donde se conseguían productos latinos para cocinar platillos tradicionales.

Nos criaron en la fe Católica y estos días navideños, para mi familia, representaban una celebración del nacimiento del Niño Jesús con la enseñanza y simbolismo otorgados a través de nuestra fe Católica. Lo que importaba más que nada era asistir a misa, ofrecer oraciones, cantar y juntarnos con la comunidad hispana donde se celebraba misa en español. Nuestra fe Católica fue ancla para nuestra familia, especialmente en estos días de Navidad.

Lo que seguía era la colaboración de mi mamá y mi papá en preparar platillos tradicionales que ellos conocían. Se imaginan que para mi mamá eran los tamales, buñuelos y el ponche navideño, y para mi papá, el lechón asado, arroz con gandules y pasteles. En esa época, no encontrábamos señoras ni restaurantes para encargar la comida. Mi mamá le apuntaba todo lo que se necesitaba a mi papá y le daba su lista. Mi papá era el encargado de hacer la compra. Después del gran esfuerzo de comprar ingredientes en varios barrios de Chicago (Humboldt Park, La Villita), observábamos un concierto de culturas en la cocina donde juntos colaboraban para crear olores y sabores ricos usando especias e ingredientes diversos. El resultado siempre fue un mosaico de sabores, olores y colores vibrantes. Ver a mi papá saborear los platillos mexicanos y ver a mi mamá saborear los platillos puertorriqueños era muy natural para nosotros a la hora de comer, pero ahora veo la lección que nos enseñaron: ser abiertos a otras culturas.

Este retrato mental que les ofrezco está totalmente cubierto con detalles de la vida cotidiana que existían entonces y seguramente existen hoy día: alegría, enojo, cansancio, paciencia, música, tristeza por los que se extrañan y esperanza de que todo salga bien. Ahora tenemos la suerte de poder tomar fotos inmediatamente con nuestro celular, pero les pido que tomen unos segundos extra para absorber momentos de alegría con sus familias: tomen fotos mentales y respiren esos momentos agradables. Y si están lejos de sus familiares, pongan a trabajar su memoria para recordar aquellos momentos alegres con sus familias. Además, compartan sus recuerdos con sus hijos. No se desanimen si no les hacen mucho caso; estos recuerdos establecen un lazo importante para un futuro firme. Los recuerdos nos sostienen y nos llenan de agradecimiento por el sacrificio de nuestros padres y su ejemplo de esperanza, fe y amor.

Gracias por leer esta columna y les deseo mucha salud, alegría y paciencia en el año nuevo. Somos una comunidad talentosa, trabajadora y con ganas de sobresalir. ¡Adelante!

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