Con la dignidad no se negocia

Siempre hablamos de la dignidad humana y personal, pero: ¿sabemos realmente lo que significa? Cuando hablamos de dignidad nos referimos a la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen, ni degraden.

Se habla de dignidad si las personas, en su manera de comportarse, lo hacen con decencia, altruismo, nobleza, decoro, lealtad, generosidad, hidalguía y pundonor. Por ejemplo, a la hora de cumplir con los compromisos, la dignidad se refiere a la formalidad, a la honestidad y a la honra de las personas. La dignidad personal, además, se basa en el respeto y la estima que una persona tiene de sí misma y es merecedora de ese respeto por otros, porque todos merecemos respeto sin importar cómo somos.

El término dignidad posee dos significados bien diferenciados: uno de ellos denota la consecución de una serie de objetivos de carácter vital, mientras que el otro es mucho más flexible, ya que hace referencia a como se logra ser merecedor de una posesión o del afecto y/o el respeto de otra persona, entre otras cosas.

Cuenta una historia que, en cierta ocasión, un asno se quería ganar la gracia del león y así gozar de su protección y estima, así que decidió entregarse completamente a la adulación y zalamería para con el rey de la selva. Al principio fueron elogios para agradar al león, que le prestó oído y se  complació al ver que los demás escuchaban lo bien que hablaba el burro de él.

Pasó el tiempo y muchos otros animales se acercaron al león y fueron tapándolo de alabanzas complacientes, así que el asno duplicó la apuesta y aparte de los elogios empezó a hacer todo lo que el león quería, sin importarle si estaba bien o mal, lo importante era agradarle al rey de la selva. Eso lo llevó nuevamente a ganarse el lugar preferencial al lado del león, pero hubieron otros animales como la hiena, que al ver esto, hicieron lo mismo y al poco tiempo lo opacaron.

Desesperado el burro, ya que la única manera de sostenerse al lado del león era siendo obsecuente, comenzó a acercarle a los animales débiles para que éste se los comiera…

Por un tiempo funcionó muy bien la estratagema y el burro ganó gran consideración ubicándose muy cerca del rey de la selva. Pero, cuando llegó el tiempo de sequía y los pocos animales que quedaban en el área se habían vuelto recelosos y esquivos, el león sin piedad y con hambre miró con apetencia al burro, que viéndose en peligro le preguntó: “¿no te he servido lo suficiente? ¡Pensé que éramos amigos!”. El león, inconmovible e inmutable, contempló con desdén al asno y le dijo: ¿Amigos? cuando yo tengo hambre no tengo “amigos” e inmediatamente comenzó a devorarse a quien ya no tenía ninguna forma de contentarlo…

Mi padre siempre me dijo: “confía en tu capacidad, en tu esfuerzo y en tu espíritu, porque si tienes que mantener una posición o ganarte un lugar por medio de la adulación, la lisonja desmedida o la zalamería barata, vas a perder la dignidad y no solo no te van a respetar los demás, sino que vas a dejar de respetarte a ti mismo. Recuerda siempre que con la dignidad es con lo único que no se negocia, ya que perder ese bien es perderlo absolutamente todo”…

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