Cuando las gallinas tengan dientes…

La sociedad humana se ha convertido en un gran bacanal de compra y venta de cualquier cosa que uno se pueda imaginar. Se vende absolutamente todo: mercaderías de cualquier tipo y tamaño en infinidades de rubros, ideas, servicios, fe, esperanza, pasión, amor, imagen y hasta milagros, mire usted… Es como si toda la humanidad estuviera exhibida y presentada en un gran escaparate y que los compradores fueran los mismos ‘artículos’ que están para la venta… ¿Todo muy loco no?

Es justamente a raíz de esta comercialización feroz que recordé algo que hace mucho tiempo me dijeron en un curso de ventas al que tuve la suerte de asistir. “Tres cosas jamás debes de platicar con tus potenciales clientes: de política, de religión y de deportes”, fue la sentencia máxima que dijo el instructor. Es que si quieres vender tienes que congeniar, no chocar con tu interlocutor y eso es una verdad que no solo se resume a las ventas, sino también a la concordia en las relaciones humanas y hasta en el liderazgo…

Lástima que en la actualidad las pocas ganas de capacitarse, la egolatría, la petulancia y la ansiedad por poseerlo todo rápido y a como dé lugar, hayan avasallado la sabia recomendación de buscar la concordia para sumar adeptos y tan solo quede como capital de intercambio promesas colgadas como una zanahoria delante de un burro, que terminan siendo ilusiones vanas que mueren aun mucho antes de empezar, generando únicamente insatisfacción, disgusto e irritación … Y en todo rubro esto es así: en la política, en la religión, en el deporte y en cada actividad humana que usted pueda imaginar…

Por eso, después de tanto andar por la vida e interactuar con mis congéneres, ya no tengo que buscar una excusa para rehuir hábilmente esos temas dado que, cuando me preguntan qué partido político me gusta, que religión profeso o que deporte me apasiona… respondo sinceramente que: el día que haya un partido político o un político que cumpla sus promesas y no piense en su bienestar propio sino en el del pueblo, ese día voy a estar abiertamente de su lado. En el tema político el mejor ejemplo lo dio Carlos Gaviria, un abogado, profesor universitario, magistrado y político colombiano quien dijo en cierta ocasión: “cuando un candidato (a un puesto de elección) invierte millones en su campaña, no es un candidato, es un empresario” y, como tal, “solo pensará en sacar lucro y en lo que menos pensará será en la gente” (clarito ¿no?).

En cuanto a la fe digo que, el día que haya una religión que no pida ni acepte NADA de dinero, ni de NINGÚN bien imaginable, para inculcar su creencia y/o dogma (los que dicen hacer ‘milagros’ a cambio de peculio están absolutamente borrados de cualquier posibilidad), ese día iré gustoso a una iglesia. Y en el deporte suelo afirmar que, aquella rama profesional que me asegure que en una justa internacional (sobre todo de representación de países) no se exalte la xenofobia y el nacionalismo o que, sin importar el tamaño o el poder económico que tengan las instituciones deportivas, todas tendrán las MISMAS posibilidades de ser campeón (que la habilidad deportiva prevalezca por sobre la económica), entonces ese día volveré a sentir la pasión que alguna vez sentí por el deporte… Pero, como cualquiera de los 3 enunciados que acabo de manifestar se van a cumplir seguramente el día que las gallinas tengan dientes (o que los cerditos vuelen), puedo estar tranquilo con mi conciencia porque sé que son… una utopía irrealizable.

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