El dolor de barriga no da una sola vez en la vida

Mi madre siempre me ha dicho: “ten mucho cuidado con lo que haces y dices porque el dolor de barriga no da una sola vez en la vida” y vaya que es verdad, porque nuestra existencia es como un círculo o una rueda que gira de continuo y, caprichosa o sabiamente, nos pone siempre de frente a lo que creímos no volver a necesitar jamás…  Por eso aprende a ser humilde y sobre todo agradecido con aquellos que interactúas para que, cuando el círculo se vuelva a cerrar, tengas ‘crédito’ suficiente de donde sostenerte.

Las personas olvidan a diario esta sencilla, pero infalible regla y desechan a sus semejantes como si fueran un producto al que ya se le caducó su fecha de utilidad. Claro, al principio todo va bien y hasta parece que la otra persona jamás existió pero, cuando el “dolor de barriga vuelve” (o se necesita de aquella persona que se pensó que nunca más se iba a necesitar) ahí se dan cuenta que su forma de actuar, con desaprensión y arrogancia, no les da margen para intentar obtener una nueva dádiva.

Cuenta una historia aleccionante que yendo de viaje, Diógenes llegó a la orilla de un río caudaloso y se detuvo perplejo. Un hombre acostumbrado a hacer pasar a la gente el torrente de agua lo vio indeciso y se acercó a Diógenes, lo subió sobre sus hombros y lo pasó complaciente a la otra orilla.

Estaba allí Diógenes reprochándose su pobreza que le impedía pagar a su bienhechor cuando advirtió que el hombre, viendo a otro viajero que tampoco podía pasar el río, fue a buscarlo y lo transportó igualmente. Entonces Diógenes se acercó al hombre y le dijo de forma arrogante: “Ni siquiera voy a agradecerte tu servicio, pues veo que no lo haces por razonamiento, sino por manía”. Dicho esto Diógenes prosiguió su camino despreocupadamente.

Un año después, regresando a su pueblo, volvió a enfrentarse al río que estaba más embravecido que nunca y sus fuertes corrientes lo hacían prácticamente impasable.

Diógenes debía llegar a su pueblo con urgencia pero no sabía nadar y era prácticamente imposible cruzar sin ayuda… De pronto vio al hombre que presto corría a socorrer a los demás y con su fuerte zancada cruzaba de lado a lado a todo aquel que lo necesitaba…  Su primer impulso fue correr a pedirle ayuda pero, recordando como se había comportado tiempo atrás, Diógenes se escondió tras las rocas y lloró amargamente su desdicha, ya que no encontró la forma para dirigirse nuevamente a aquel buen samaritano.

Así es la vida, uno nunca sabe cuándo va a necesitar de alguien así que, como dije al inicio, aprende a ser humilde y sobre todo agradecido con aquellos que interactúas para que, cuando el círculo se vuelva a cerrar, tengas ‘crédito’ suficiente de donde sostenerte.

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