El eco de la vida

Escuché horrorizado esta semana a una persona decir que esta pandemia de COVID-19 es, en realidad, “la enfermedad de los débiles” y que se debe dejar atrás a los débiles y priorizar a los mas fuetes… Sinceramente, saber que hay gente que tiene esos pensamientos para con las personas más vulnerables, me despertó dolor e infinita tristeza.

Es que el ser humano no aprende a pesar de sus continuos traspiés y tampoco vive con propósito, por eso deambula en este mundo sin rumbo fijo y solo piensa en el bien individual en vez de tener conciencia colectiva. El hombre se ha olvidado que habita un pequeñísimo planeta, en un inconmensurable espacio y se he enfrascado en una anodina lucha por bienes materiales y por espacios reducidos, poniendo fronteras en la geografía y también en el alma…

Es triste pensar que, siendo el ser humano el único animal de la escala zoológica dotado de inteligencia, sea el que menos sentido tiene de perseguir fines comunes, trabajar mancomunadamente y velar por los intereses de toda la sociedad por igual. Hasta los animales más insignificantes en dicha escala realizan esfuerzos en conjunto para mejorar las condiciones de vida de su especie.

Quizás deberíamos aprender de las cosas mas sencillas de la vida para tomar conciencia de lo alejado que estamos del verdadero propósito de la humanidad. Cuenta una historia antigua que un hijo y su padre, estaban caminando en las montañas. De repente el hijo se lastima y grita: “¡Ahhhhhhhhhhhh!” Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: “¡Ahhhhhhhhhhhh!”

Con curiosidad el niño grita “¿Quien está ahí?” y recibe una respuesta: “¿Quien está ahí?”. Enojado con la respuesta, el niño grita: “Cobarde” y recibe como respuesta: “Cobarde”.

El niño mira a su padre y le pregunta: “¿qué sucede?”; El padre, sonríe y le dice: “Hijo mío, presta atención” y entonces el padre grita a la montaña: “¡Te Admiro!”… y la voz le responde: “¡Te admiro!”. De nuevo, el hombre grita: “¡Eres un Campeón!”… y la voz le responde “¡Eres un campeón!”.

El niño estaba asombrado, pero no entendía, luego el padre le explica: “La gente lo llama eco… ¡¡¡¡¡pero en realidad es la vida!!!!!!: te devuelve todo lo que dices o haces… nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones”.

Por eso es bueno tener en cuenta que todo lo que le deseas a los demás es lo que la vida te devolverá a cambio, tal cual fuera un gran eco. Si deseas dolor a tu semejante eso es lo que justamente recibirás como retribución, si repartes indiferencia eso es lo que obtendrás de tu entorno, si solo te preocupas por ti nadie se inquietará por lo que te pase. En síntesis: la vida te dará de regreso, exactamente aquello que tú le haz dado. Lo que te ocurre en realidad no es una coincidencia, es un perfecto reflejo de ti. Alguien dijo “si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando, porque ese es el verdadero eco de tu vida”…

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