El hilo invisible que nos une

A pesar de estar firmemente convencido de que el ser humano no tiene su destino marcado de forma inexorable, sino que son sus acciones y decisiones las que determinan (con libre albedrio) su derrotero en la vida, a veces me siento abrumado al pensar las infinitas causalidades (no casualidades) que me han llevado a estar aquí, en este momento, escribiendo esta columna que será un nexo entre Usted y yo…  Y más me resulta curioso e increíble porque las columnas editoriales fueron, desde niño, lo que yo siempre dejé de lado en los periódicos, revistas o cualquier medio gráfico porque me parecían muy técnicas y con una terminología que nunca podía llegar a entender.  Como desde que tengo uso de razón quise ser comunicador social me juramenté que, si algún día lograba escribir en un medio de prensa, jamás haría una editorial. Es gratificante saber que el producto de mis acciones y decisiones cambiaron esa idea, ya que me han dado la posibilidad de este hermoso encuentro semanal con Ustedes.

Pensando justamente en todo esto recordé la leyenda japonesa del hilo invisible que une a las personas y quiero compartirla con Ustedes. Esta leyenda surgió cuando se descubrió que la arteria ulnar conectaba el corazón con el dedo meñique. Fue entonces que se comenzó a decir que los hilos rojos unían los meñiques con los corazones, simbolizando el interés compartido y la unión de los sentimientos.

Una de las leyendas sobre este hilo rojo cuenta que un anciano que vive en la luna, sale cada noche y busca las almas que van a unirse en la tierra y cuando las encuentra las ata con un hilo rojo para que no se pierdan. Otra leyenda al respecto dice que, hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el  hilo rojo que une a las personas y la mandó traer ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir el hilo que los llevó hasta un mercado donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos.

Al llegar hasta esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie e hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: “Aquí termina tu hilo”. Al escuchar esto, el emperador se enfureció creyendo que era una burla de la bruja, por lo que empujó a la campesina con su pequeña en los brazos y la hizo caer haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, luego ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después el emperador debía casarse y su Corte le recomendó que lo mejor fuera que desposara a la hija de un general muy poderoso. El emperador aceptó y se arregló la boda como sugerían sus consejeros. El día del casamiento fue el momento de ver, por primera vez, la cara de su esposa que entró al templo con un velo que la cubría totalmente. Al levantarle el manto el emperador vio que el hermoso rostro de la mujer tenía una cicatriz muy peculiar en la frente…

Según esta creencia, el hilo rojo es el hilo invisible que nos acerca a todas las personas en esta tierra y que nos une a pesar de las dificultades. En mi caso ese hilo invisible que me une a personas tan especiales como usted, es esta columna que extiende mi mano en señal de amistad…

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