La paja en el ojo ajeno…

Prejuzgar es una de las actividades preferidas por el ser humano y la que más problemas le ha traído a través de los tiempos con sus congéneres. Es que la acción de juzgar antes de tiempo o con desconocimiento de causas, casi siempre termina por condenar a otros sin razones valederas o fundamentos reales y eso es un motivo de rompimiento continuo de amistades, sociedades, parejas y hasta comunidades enteras…

El ser humano generalmente no se da a la tarea de analizar un hecho o la acción de una persona detenidamente, sino que el primer impulso que tiene es el de juzgar y condenar lapidariamente mediante un juicio primario, lo que casi siempre lleva a equívocos que después son difíciles de poder enmendar…

Una ilustrativa historia sobre este tema cuenta que una pareja de jóvenes tenía varios años de casados y no podían tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro de pastor alemán y lo amaron como si fuera su propio hijo. El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso perro que en más de una ocasión salvó a la pareja de ser atacada por ladrones. Siempre fue muy fiel y protector con sus dueños.

Pasaron siete años y al fin la pareja logró tener el hijo que tanto deseaban. Estaban muy felices con el nuevo integrante de la familia y claro, disminuyeron las atenciones que tenían con el perro. Esto hizo que él empezara a sentir celos del bebé y que dejara de ser la mascota cariñosa que había sido durante todos esos años.

Un día dejaron al bebé plácidamente durmiendo en la cuna, mientras ellos preparaban una barbacoa en la terraza. El padre, de tanto en tanto, iba al cuarto del bebé para ver si seguía durmiendo. En una de estas ocasiones, vio al perro que salía de la habitación del bebé. Tenía la boca totalmente ensangrentada y movía la cola en señal de alegría.

El hombre pensó lo peor y golpeó con rabia e indignación al perro. Entró desesperado al cuarto del bebé, imaginando lo peor y allí vio una gran serpiente muerta al lado de la cuna. Respiró aliviado e inmediatamente salió corriendo de la habitación para abrazar al perro, agradecerle y pedirle perdón…

¿Cuántas veces hemos juzgado injustamente a otros? Y aún peor, no sólo los juzgamos, sino que también los condenamos sin averiguar a qué se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos. Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario.

La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien, recordemos la historia del perro fiel y no nos apresuremos, porque podríamos dañar la imagen y la reputación de alguien ante los demás, innecesariamente. Como dijo San Francisco de Sales: “Ante de juzgar al prójimo, pongámosle a él en nuestro lugar y a nosotros en el suyo y seguro que nuestro juicio será entonces recto y caritativo”.

 

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