Lo que hace falta pedir…

El hombre se aleja irremediablemente de Dios, quizás no de las religiones, pero si de Dios. Usted se preguntará como es posible estar dentro de la religión y estar a la misma vez alejado de Dios, pues bien, basta repasar las actitudes y actos de la humanidad en general, para comprender el porque de las cosas…

Por ejemplo, es frecuente ver a la gente concurrir a diferentes templos, iglesias, santuarios u oratorios en forma periódica, en esos lugares se les trata de inculcar el amor al prójimo, el respeto a si mismo y a sus semejantes, la responsabilidad de sus actos, la solidaridad, poner la otra mejilla, no darse a los placeres mundanos y sin embargo la humanidad está cada día más desunida, disgregada, perdida, llena de conflictos, pensando únicamente en sus problemas personales y en como solucionarlos, sin fijarse a quien lastima y quien queda por el camino…

Además Dios es hoy un instrumento de las personas por medio del cual se pretenden conseguir cosas. Hace falta salud se la pedimos, hace falta dinero también queremos que lo provea, ambicionamos el éxito en nuestros trabajos o negocios y también le pedimos al creador su mano divina… Dios ya no es objeto de adoración, es objeto de suplica por necesidades urgentes y, mas que el Creador, parece el esclavo de los hombres que ven en Él solo un surtidor de deseos cumplidos. El gran tema es saber que hace la gente para ganarse esas dádivas…

Cuentan que un rey muy rico tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales y ser un hombre de profunda religiosidad. Ante esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo.

Cierto día el súbdito preguntó: “Majestad, ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?

El rey le dijo: “Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré”. Al término del paseo, el rey le preguntó: “¿Qué piensas de mis riquezas?” La persona respondió: “No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara”. El rey le señaló: “Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de afuera…”.

Muchas veces pensamos y deseamos vivir como mejores personas y tener una vida más espiritual pero sin decidirnos a apartar la mirada de las cosas que nos rodean y deslumbran con su aparente belleza. Sin embargo, para enriquecer el alma, es necesario mirar nuestro ser interior y avivar la llama del espíritu.

Estamos tan acostumbrados a pedir felicidad, éxito y fortuna, que nos olvidamos de pedir lo más importante: humildad, fortaleza y sinceridad, que es lo que nos va a llevar a tener una vida más acorde con nuestro creador… Ojalá ese sea nuestro propósito para el 2020…

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